Educar sin amenazas

Educar a los hijos no es fácil y hay veces que los padres recurren a las amenazas cuando se sienten tan frustrados ante la desobediencia de sus hijos que ya no saben qué más pueden hacer. Las amenazas son fruto de la desesperación en cuanto a la educación de los hijos, pero en realidad son inútiles y a largo plazo pueden traer problemas en la educación de los niños. Las amenazas son útiles mientras los niños tienen miedo pero a medida que crecen y lo pierdan, ya no servirán de nada. Y lo peor no solo es el uso de la amenaza, sino que el respeto entre padres e hijos brillará por su ausencia. Los padres que las utilizan normalmente es porque han perdido el control y no saben obrar de otra manera.

Cuando se es padre o madre no se tiene un manual de instrucciones, se hace lo mejor que se puede aunque no siempre es como a uno le gustaría. A veces por estrés, por cansancio, por falta de tiempo… la educación hacia los hijos puede parecer un poco tensa. Pero es necesario tener en cuenta que las amenazas es agresividad y ningún tipo de agresión, ni física, ni psicológica, ni verbal es adecuada para la educación de los hijos.

Las amenazas son una forma de maltrato hacia los hijos o hacia cualquier persona. Las amenazas suelen ir acompañadas de malas palabras o palabras pasivo agresivas que duelen enormemente a los niños y que les afectan en su comportamiento. Los padres y las madres piensan que les aporta autoridad pero en realidad no sirven. Lo único que consigue este tipo de recurso es que los niños se desconecten emocionalmente de los padres, lastimar su autoestima y lo peor… Que no haya un respeto mutuo.

Lo primero que debes tener en cuenta cuando quieras evitar que tus hijos crezcan con las consecuencias descritas en el punto anterior, es buscar la manera de que tus hijos cooperen en el hogar. La cooperación es fundamental y para ello, siempre tendrás que ofrecerles opciones para que sientan que forman parte de las decisiones familiares y que además, vean que su opinión es válida, pero esta cooperación debe ser de todos los miembros del núcleo familiar y debe ser de forma equilibrada.

De esta manera, los niños te respetarán y además, cooperarán de manera más activa y harán caso a lo que les dices porque te sentirán dentro de su mismo equipo y no como al enemigo que hay que evitar porque sino les hace daño. Recuerda que como padre o madre es necesario que el respeto sea mutuo y solo se consigue con confianza y buenas maneras. Autoridad y miedo no son sinónimos, y si quieres educar con miedo tus hijos no podrán tener un buen vínculo emocional contigo y en su etapa adulto tendrá dificultades para vincularse consigo mismo y con los demás.

Usa palabras positivas y desde el cariño para que tu hijo pueda acercarse emocionalmente a ti cada vez que le hables. Evita los enfados, los gritos o los malos modos que tanto asustan y perjudican a los niños. Ponte siempre en el lugar de tu hijo para que descubras cómo se puede estar sintiendo. Si quieres que tu hijo sea una persona empática, primero tendrás que ser empático con él.

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