Enseñarle responsabilidad a tus hijos

Educar en la responsabilidad consiste en ayudar y enseñar a los niños a asumir sus errores, a rectificar si es necesario, y sobre todo a cumplir con las obligaciones y compromisos. Es muy importante que los padres no confundan la responsabilidad con la obediencia o el servilismo, ya que si los niños actúan solamente por obediencia acabarán convirtiéndose en niños sumisos. Conviene que pregunten, que pidan aclaraciones, que se quejen, y de esta forma los padres tendrán la oportunidad de enseñarles el valor de hacer determinadas cosas.

Los niños no conocen sus límites, esto les hace sentir una gran inseguridad, y la mayoría de las veces es la causa de que se comporten incorrectamente. Para ello es aconsejable que se establezcan una serie de normas que sirvan como puntos de referencia. Estas normas se deben ir estableciendo desde que el niño es pequeño para que poco a poco las vaya asumiendo. Aunque conviene tener en cuenta que habría que empezar con tareas simples que sepamos que el niño sabe hacer , para que esto no lo frustre si no es capaz de elaborar una tarea muy avanzada para sus habilidades es conveniente poco a poco ir introduciendo y enseñando otras tareas más complejas. De manera que a medida que el niño crece se le va exigiendo más pero obvio de acuerdo a lo que previamente ya a aprendido.

Algunos elementos importantes que debemos enseñarles son:

  1. Enseñar el valor del esfuerzo. La mejor herencia que los padres pueden dejar a los hijos es dotarles de la capacidad de valerse por sí mismos, de enfrentarse a las dificultades, de conocer el valor de las cosas, etc. Por consiguiente, los padres deben presentar el esfuerzo como algo positivo y no como una carga o una desgracia. Los niños deben ver el esfuerzo como algo natural, como un medio para conseguir una meta.
  2. Fomentar la participación en las tareas del hogar. Desde que los niños son muy pequeños se les debe implicar en las tareas de casa. Se les deben dar responsabilidades muy pequeñas como, por ejemplo, poner las servilletas en la mesa, recoger los juguetes, respetar los horarios, cumplir los compromisos (sí el niño ha decidido practicar un deporte, debe ser consecuente con la decisión y respetar los días de entrenamiento, los horarios y las dificultades que eso conlleva). Las tareas deben tener una dificultad moderada y progresiva, y sobre todo adecuarlas a la edad y capacidad del niño.
  3. Los padres nunca deben responsabilizarse de las tareas que los hijos deben cumplir, se les puede ayudar, acompañar, orientar, asesorar, pero nunca deben asumir esas responsabilidades de forma que el niño se desentienda. Para ello hay que mantenerse firmes y no perder la paciencia.
  4.  Elogiar a los niños cuando cumplen con sus obligaciones. Felicitarles y elogiarles por sus pequeños logros, hacerles ver lo importante de llevar a cabo sus responsabilidades y, en caso de que se equivoquen, se les debe animar y enseñar la forma correcta de hacerlo. Los padres deben explicar el porqué de esos errores y enseñarles la forma adecuada de hacer las cosas.

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