Miedos nocturnos en los Niños y Niñas

La rosa colorada

Cogida ayer;

El fuego y la canela

Que llaman clavel;

el pan horneado

de anís con miel,

y el pez de la redoma

que la hace arder:

todito tuyo

hijito de mujer,

con tal que quieras

dormirte una vez

la rosa, digo:

digo el clavel.

La fruta, digo,

Y digo que la miel;

Y el pez de luces

Y más y más también,

¡con tal que duermas

¡Hasta el amanecer!

La autora Gabriela Mistral nos trae este hermoso poema donde nos hace evocar no solo a nuestro niño/a interior, sino a quienes tenemos hijas/os, ya que para muchos/as cuando llega la noche, esta representa un momento de angustia y temor porque se acrecientan los miedos nocturnos, ese temor a enfrentarnos a nuestra soledad; a nuestros monstruos o personajes fantásticos producto de la imaginación propios de la infancia, pues bueno, para tratar este tema deseo contarles desde mi experiencia de vida que sucede en torno a los miedos nocturnos de los niños y niñas, aún recuerdo mi infancia, tenía mucho temor, mucho miedo que me robara el “pispirispis”, el “coco”, “la pata sola”, o “la llorona” términos empleados por mi padre como su estrategia para que me fuera a dormir, pero con esto no lo quiero culpar, ya que no tuvo la posibilidad de que alguien le enseñara a criar hijos/as, facilidad con la que contamos actualmente, hoy comprendo que era solo uno de sus métodos para que yo me calmara y durmiera.

Cuando tuve a mi hija y ella contaba con aproximadamente 2 años de edad, tenía temores nocturnos, sentía miedo de quedarse sola en el cuarto o con la luz apagada, se convertía para ella en algo agobiante, era un momento de mucha ansiedad, suceso que perduró hasta que tuvo aproximadamente los 6 años de edad, según sus quejas, llantos y angustias, ella en aquella época, veía gnomos o brujas, era necesario que me quedara junto a ella hasta que pudiera dormir en calma, fueron casi 4 años de mucha comprensión, tolerancia, amor, aunque no lo niego, también muchos momentos de cansancio, estrés y hasta enojo.  Pero fueron momentos de desempeñar mi rol de madre de una manera muy consciente y segura, creando en ella un apego seguro, definido este término desde Bowlby (1977) como la tendencia de crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas en particular y un intento de explicar la alta variedad de formas de dolor emocional y trastornos de personalidad tales como la ansiedad, la ira, la depresión y el alejamiento emocional, que se produce como consecuencia de la separación indeseada y de la pérdida afectiva.  Igualmente, Bowlby propuso que la calidad del apego depende de la calidad del cuidado temprano y que el apego de los bebés es la base para el desarrollo de la personalidad saludable o desadaptada.  A partir de las experiencias relacionadas con la figura de apego, los niños y niñas desarrollan expectativas sobre si mismos, el medio y las relaciones.

La psicóloga Marta Rueda refiere en su libro miedos nocturnos, que, durante los tres primeros años de vida, la necesidad que tiene un niño/a de estar cerca de sus padres y personas de confianza es elevada, siendo mas fuerte en los primeros doce meses.  Pues bueno los niños/as durante su proceso de crecimiento en tan corto tiempo experimentan una serie de cambios físicos, mentales, del entorno y estos cambios después de los tres años aumentan ya que los niños/as inician su proceso escolar, tienen mayor contacto o interacción con el mundo social, se tiene un cambio en los hábitos de ellos/as.  Lo que si debemos tener claro es que los miedos nocturnos en la etapa de la infancia son un proceso normal por la que todo niño/a pasa, recordemos que ellos/as se encuentran en la etapa mágico animista dándole vida a todo lo que les rodea, pues están en plena etapa imaginativa y fantasiosa y aún en esta etapa no están en capacidad de distinguir entre fantasía y realidad, a medida que crecen son otros factores los que influyen como los factores ambientales, cuando el apego que establecemos con los niños/as es desde el apego seguro harán transición de manera mas tranquila hasta llegar a su maduración y entendimiento, procesos como son el control de esfínteres que se da cuando tiene una maduración.

Acá te queremos contar que rutinas debes establecer con tus niños/as para que este transito propio de su edad no sea un proceso que genere desgaste y ansiedad en su niño/a afectando a futuro su proceso de vida.

  • Es importante que desde bebé le hable a su hijo/a frente a las rutinas para irse a dormir, nosotros como padres subestimamos la comprensión de los niños/as pero en la medida que yo sea constante y lo tenga en cuenta ellos/as irán teniendo comprensión.
  • Ponerles música instrumental suave que les permita sentir calma y bienestar.
  • Antes de acostarle generar espacios para atenderlo de forma debida, bañarlo y hacerle masajes en su espalda, barriga, brazos y piernas para que sienta el contacto con sus padres o cuidadores.
  • Dialoga con tu niño/a sobre los hábitos diarios y dar cumplimiento a estos.
  • Déjale una luz tenue en su habitación para que sienta confianza
  • Genera un ambiente tranquilo, limpio y en calma para su hijo/a
  • Deja la puerta entre abierta para que el niño o niña sepa que se encuentran en casa y no se sienta abandonado.
  • Lee cuentos positivos y tranquilos e igualmente inventa historias que no le generen a sus hijos/as ansiedad.
  • Darle un muñeco o peluche que pueda usar como un objeto transicional para que se sientan acompañados.
  • No hacer uso del televisor o aparatos electrónicos unas horas antes de irse a dormir.
  • Darle su última comida temprano con el fin de que el niño/a no sienta deseos de ir al baño generando en él ansiedades.
  • Ser cuidadoso con las conversaciones de los adultos frente a los niños/as donde no se haga uso de un lenguaje agresivo, violento, se haga uso de un lenguaje soez, se hable sobre los problemas del día o lenguajes negativos para los niños/as.
  • Si tu niño/a te pide que te quedes hazlo, y genera confianza y tranquilidad en ellos/as.
  • No reforzar de forma negativa los miedos de tu niño/a.
  • No hacer uso del miedo para que el niño/a se vaya a la cama como castigo.

Es recomendable que si el niño/a después de los 9 años de edad continua con miedos nocturnos es necesario que lo lleve a un Especialista.

Como dice el pediatra Gonzalo Pin: “Los padres somos el lóbulo frontal del niño, somos los que con nuestro ejemplo tenemos que transmitir modos de actuar, así lo que tenemos que hacer es vigilar nuestros propios hábitos. Debemos regular ciertos hábitos y condiciones ambientales para facilitarles seguir su ritmo”.

 

miedos nocturnos

 

 

 

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