Pautas de crianza en Francia

Los padres franceses ocupan mucho tiempo en explicar a los niños qué cosas están permitidas y cuáles no porque para ellos es importante enseñarles a sus hijos como portarse bien en sociedad. Esto no implica que los franceses no presten suficiente atención a sus hijos o sean desamorados sino que comparten sus mismos valores, es decir, hablar con los chicos, leerles libros, llevarles a clases de tenis o pintura o de visita al museo, pero sin caer en los excesos de una educación norteamericana al servicio constante de los niños.

Incluso desde que están embarazadas, las madres francesas ya se comportan distinto: no sienten que su vida deba cambiar sólo por el hecho de esperar un hijo. Comen lo mismo de siempre, se divierten, se arreglan y siguen con su vida y sus actividades. Con el boom de la teoría del apego y la lactancia prolongada, a algunos puede parecerle una locura pero en Francia los períodos de lactancia, por ejemplo, son cortos. La forma de ver el embarazo y su postura frente a la lactancia dan cuenta, según la escritora, de algo muy relevante: las francesas no se sienten responsables de todo lo que les pueda pasar a sus hijos y, por eso, no creen que tengan que sacrificar completamente su vida para complacerlos. 

Obviamente, ponerles límites claros a los niños no es un invento francés, pero allá sí se practica. En clara oposición a la idea que dice que, en todo momento, los niños deberían poder expresarse libremente, los franceses no interpretan que cada cosa que se le ocurra hacer al niño sea una expresión de su individualidad, nadie puede hacer lo que desea todo el tiempo. Y, por esa razón, no sienten miedo de frustrar a sus hijos cada vez que les dicen un “no”. Están seguros de que no enseñarles el valor de la tolerancia les hace daño, porque generaría adolescentes y adultos poco resilientes, que se vendrían abajo a la primera oportunidad en que el mundo los decepcionara.

Otro de los componentes de este estilo de crianza está en la alimentación. Los niños franceses comen cuatro veces al día, lo que implica que se acostumbran desde muy chicos a comer de la misma forma que un adulto y que pedir una golosina entre comidas es absolutamente impensado. Parece que les funciona bárbaro; sólo el 3,1% de los niños de entre cinco y seis años es obeso mientras que en Inglaterra, casi el 10% y en Chile, el 9,8%.

Photo by Flo Dahm on Pexels.com

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