Cuentos sobre valores: Responsabilidad

El príncipe tirado en el piso llorando, tan profunda era su tristeza que no podía ni hablar claramente a su padre, este se encontraba parado frente a él, parecía una montaña inamovible esperando de su hijo respuestas, el Rey un hombre corpulento, con voz grave que tan solo al escucharlo ponía a temblar al más valiente, con rostro de afecto plano, todo su reinado temía, incluido su hijo, ¿Crées que voy a quedarme parado todo el día acá esperando tú respuesta? soy el hombre mas ocupado de todo este reinado, si tú no cumples con tus responsabilidades inmediatamente daré orden para que seas destituido, pero también debes tener claro que te irás del palacio, no tendrás nunca más un céntimo, vas a vivir como un habitante más y jamás volverás a vernos a tu madre y a mí, así seas mi hijo tengo un deber supremo por encima de ti y es el pueblo, sabes que no tengo otro heredero, los deberes son los deberes.  Al escuchar esto el príncipe se quedó en silencio, seco sus lagrimas lentamente, se levantó despacio, apoyándose en un mueble, el joven un hombre de contextura delgada y frágil, con los ojos hinchados y rojos de llorar, suspiró y respiró buscando su equilibrio, le dijo:  padre tienes toda la razón, deber es deber y mi único deber es conmigo, de acá en adelante seré responsable con la única existencia que me fue dada, buscaré lo que deseo y mi anhelo, ¡papá por favor respeta mi decisión y libérame de ese yugo que no deseo y siento que no es para mí! Con voz de súplica, el rey le dijo tajantemente ¡no!  Está bien papá así me envíes al calabozo o a la misma guillotina no me coronaré como Rey, ya tomé la decisión y deseo ser pintor, puedes desheredarme.  Ese mismo día el príncipe empacó su ropa y se fue a otra patria donde fue un pintor muy reconocido, a su padre jamás le volvió a ver, a su madre la veía a escondidas cada año, cuando el Rey murió no hubo un príncipe heredero que le sucediera, la reina declinó igualmente y el pueblo decidió a través de elección popular en nuevo mandatario, así quedó instaurando eligiendo uno cada cuatro años y la reina junto con su hijo se fueron a vivir juntos de forma libre y responsable.

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Story: Tolerance

The girl asked her father on the plane, on the way to her maternal grandmother’s house, «Will we be able to touch God in this plane?» Her father replied, «No, my daughter, He is in a different plane than ours, much higher above us.» «Then who is with Him?» The father looked at her and said, «My mother, your grandma, who takes care of us so much.» «And does she also eat ripe plantains that she liked so much?» A man sitting behind the girl, desperate with so many questions, loudly said, «Yes, she eats plantains, plantainitos, and big plantains.» Upon hearing this, the girl burst into laughter, and she kept asking, «Big plantains?» «Yes,» said the man, «and also plantains and plantainitos.» Again, she laughed heartily, so much that she choked and began to cough. The girl asked her dad, «Dad, do you eat plantains or big plantains?» And the girl laughed again. The people around, unable to contain themselves because of the funny situation, laughed with her. The father replied, «Daughter, just plain plantains.» The girl responded, «Plantainitos are your little friends, and big plantains are very annoying,» and the girl laughed again, as if it were the best joke. Then she said to the man loudly, «Sir, what do you eat?» The man looked at her and said, «I eat big plantains with pork rinds,» and the girl, not knowing what the man looked like, replied, «That’s why you’re so chubby,» and everyone laughed heartily. Amidst laughter on the plane, it landed. The man realized that his impatience and anger had disappeared. When they stood up to leave their seats, they looked at each other, and the man, smiling, said to the girl, «Thanks for your entertainment.» Outside at the airport while waiting for their luggage, the man saw the father and daughter smiling and laughing loudly, realizing that when you have tolerance, it turns into understanding and love.

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Cuentos sobre valores: Tolerancia

La niña preguntaba a su padre en el avión camino a la casa de su abuela materna ¿en este avión lograremos tocar a Dios? Su padre decía:  no hija mía, esta en otro plano diferente al nuestro, mucho más arriba de nosotros.  ¿Entonces quien está con él? El padre la miró y dijo: mi madre, tu abuelita, quien tanto nos cuida.  ¿Y allá también come platanito maduro que tanto le gustaba?  Un señor que se encontraba atrás de la silla de la niña desesperado ante tantas preguntas le dijo en voz alta: sí, come plátano, platanito y platanón.  Al escuchar eso la niña empezó a carcajearse y ella repetía preguntando ¿platanón?, sí, le decía el señor y también plátano y platanito, nuevamente ella reía a carcajadas, tanta era la risa que se ahogaba haciéndola toser.  La niña preguntó a su papá ¿Papá tú comes platanito o platanón? Y la niña nuevamente reía, la gente alrededor al no poder contenerse por lo gracioso de la situación reía con ella, el papá le respondió hija como sólo plátano.  ¿La niña respondió platanito no es tu amiguito y platanón es muy molestón y la niña volvía a reír cómo el mejor de los chistes, luego le dijo al señor en voz alta, señor ¿y usted que come?  El señor la miró y dijo yo como platanón con chicharrón y la niña sin saber cómo era el señor físicamente le contestó por eso es tan gordiflón y todos reían a carcajadas y entre risa y risa en el avión, este aterrizó, el señor se dio cuenta que su impaciencia y enojo habían desaparecido, cuando se levantaron de las sillas para salir se miraron y el señor sonriendo le dijo a la niña: gracias por tu diversión, afuera en el aeropuerto mientras esperaban las maletas el señor veía padre e hija sonreír a carcajadas comprendió que cuando se tiene tolerancia esta se convierte en comprensión y amor.

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Story: TRUTH


Rosa was very angry with her son Luisito. The school had called her because he had stolen two reams of paper from the coordinator’s secretary. In the days before, there had been a series of thefts among the children in his class, and no one had taken responsibility. Luisito would occasionally show up at school with money and invite his classmates for snacks. When his mother asked him about it, he simply denied it. Upset by the situation, he argued that they had no right to blame him without evidence. The coordinator showed them a video where Luisito was caught stealing the paper. He immediately admitted to it but claimed it was the first time. The teacher tried to calm him down and make him understand that if he continued denying, he would never learn. She also reminded him that he was twelve years old but that when he turned fourteen, he would have to face legal consequences. The teacher added, «You’ve experienced the tale of the boy who cried wolf. No matter how much you say it wasn’t you, we no longer believe you.» Luisito received conditional enrollment, and his mother became vigilant about money at home. She took away his video games and cellphone for fifteen days. After this warning in Luisito’s class, no classmate lost their belongings again. One day, someone knocked on Luisito’s door. It was the shopkeeper to whom his mother owed money. Luisito peeked through the curtains, and when his mother asked who it was, he said it was the shopkeeper. She immediately told him to go out and say she wasn’t home, that she was out of town and would return in eight days. Luisito looked at her in surprise and said, «Mom, what’s the difference between what you’re doing and what I do? I’ve definitely learned lying from you. You come to demand or scold me when you have no authority.» Luisito’s mother lowered her head and went to open the door to the shopkeeper, telling him she could pay him in a week. Luisito’s mother apologized to him, acknowledging that he had indeed learned lying from her. From that day on, both of them learned their lesson and never lied again.

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Cuento sobre valores: VERDAD

Rosa estaba muy enojada con su hijo Luisito, de la escuela la habían llamado porque robó a la secretaria del Coordinador dos resmas de hojas, días anteriores habían tenido los niños de su salón una serie de hurtos, sin que nadie respondiera por los hechos.  Luisito ocasionalmente aparecía con dinero en la escuela e invitaba a los compañeros a refrigerio, la mamá del niño dijo que en casa también había tenido perdidas de dinero, cuando le preguntaron a Luisito, él sencillamente lo negó.  Molesto por dicha situación dijo que no tenían derecho a culparlo sin pruebas; el coordinador les puso un video donde lo grabaron hurtando las resmas de papel, inmediatamente él acepto, pero agregó que era primera vez que lo hacía.  La maestra trató de calmarlo y hacerle comprender que si lo seguía negando entonces nunca iba a aprender, además le dejó claro que él tenía doce años, pero que cuando fuera mayor de catorce años ya tendría que responder en responsabilidad penal, además, dijo la maestra, te ha pasado lo del pastorcito mentiroso que por mucho que digas que no fuiste tú, ya no te creemos.  El niño quedó con una matricula condicional y la madre del niño estuvo alerta a su dinero en casa, le quitó videojuegos y celular por quince días, después de ese llamado de atención en el salón de Luisito, ningún compañero volvió a perder sus objetos. Un día a la puerta de la casa de Luisito fueron a tocar, era el señor de la tienda a quien su madre hacía días le debía un dinero, Luisito se asomó por las cortinas y cuando su madre le preguntó quién era, el hijo le dijo que el señor de la tienda, ella inmediatamente le dijo a su hijo que saliera y le dijera que no estaba, que estaba fuera de la ciudad y demoraba ocho días en regresar.  Luisito, la miró sorprendido y le dijo:  mamá ¿Qué diferencia hay entre lo que tú haces y lo que yo hago?, definitivamente la mentira la he aprendido de ti, así como vienes a exigirme o a regañarme cuando no tienes autoridad.  La mamá de Luisito agachó la cabeza y se fue a abrirle al señor de la tienda al que le dijo que podía pagarle en una semana.  La madre de Luisito fue a pedirle disculpas pues efectivamente la mentira la había aprendido de ella.  A partir de ese día ambos aprendieron la lección y nunca más volvieron a mentir.

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