Estimulación temprana en la infancia

La estimulación temprana es un pilar fundamental en el desarrollo infantil, ya que permite potenciar las habilidades cognitivas, emocionales, motoras y sociales de los niños desde sus primeros años de vida. Durante los primeros años, el cerebro tiene una plasticidad excepcional, lo que significa que está más receptivo a los estímulos del entorno y puede desarrollar conexiones neuronales que serán la base para futuros aprendizajes.

¿Qué es la estimulación temprana?

La estimulación temprana es el conjunto de actividades, experiencias y estrategias diseñadas para favorecer el desarrollo integral del niño desde su nacimiento hasta aproximadamente los seis años de edad. Estas actividades pueden incluir juegos, ejercicios físicos, interacción social y estimulación sensorial, todas enfocadas en fortalecer diferentes áreas del desarrollo infantil.

Beneficios de la estimulación temprana

  1. Desarrollo cognitivo: Ayuda a mejorar la atención, la memoria y la capacidad de resolución de problemas, lo que favorece el aprendizaje futuro.
  2. Desarrollo motor: Mediante actividades físicas adecuadas, los niños mejoran su coordinación, equilibrio y habilidades motrices finas y gruesas.
  3. Desarrollo emocional y social: Fomenta la seguridad, la autoestima y la capacidad de interactuar con otras personas, lo que facilita la socialización.
  4. Facilita el aprendizaje del lenguaje: La exposición temprana a sonidos, palabras y conversaciones promueve el desarrollo del lenguaje y la comunicación efectiva.
  5. Prevención de dificultades en el aprendizaje: Un niño que recibe estimulación temprana tiene más herramientas para afrontar los desafíos educativos y emocionales en etapas posteriores.

Estrategias para estimular a nuestros hijos

  • Juego interactivo: Juegos de construcción, rompecabezas y juguetes sensoriales ayudan a desarrollar habilidades cognitivas y motoras.
  • Lectura desde temprana edad: Leer cuentos y hablar con el niño favorece el desarrollo del lenguaje y la imaginación.
  • Música y movimiento: Canciones, ritmos y bailes estimulan la coordinación, la memoria y la expresión emocional.
  • Exploración sensorial: Dejar que los niños experimenten con diferentes texturas, colores y sonidos fortalece su desarrollo sensorial.
  • Interacción social: Propiciar el contacto con otros niños y adultos ayuda a mejorar sus habilidades sociales y emocionales.

Episodio 2: Crecer es un rompecabezas

¿Cómo descubren los niños el mundo y construyen su forma de pensar?

En este episodio de Dialoguemos la Infancia nos adentramos en las teorías de Jean Piaget y Lev Vygotsky para entender cómo evoluciona la mente infantil desde el nacimiento hasta la adolescencia. Desde los primeros experimentos sensoriales, como lanzar objetos al suelo solo para ver qué pasa, hasta la capacidad de razonar sobre temas complejos, cada etapa del desarrollo es un universo de descubrimientos.

Piaget nos habla de cómo los niños aprenden a su propio ritmo, pasando por distintas fases cognitivas, mientras que Vygotsky nos recuerda la importancia del entorno social y la interacción en este proceso. ¿Qué significa esto para madres, padres y educadores? Que no solo se trata de enseñar a contar o leer, sino de acompañar, guiar y comprender que cada pregunta repetitiva—sí, incluso el eterno “¿por qué?”—forma parte de su aprendizaje.

Acompáñanos en esta conversación donde desmitificamos ideas, exploramos cómo los niños entienden el mundo y descubrimos por qué, para un niño de dos años, una galleta rota puede ser el peor drama imaginable.

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Chanelling your kids abilities

When we are little, we are not aware of how extraordinary we are. Everything is new to us, and we fail to recognize that some of our abilities are unique and wonderful. At that stage, we rely on our parents for extra support—to help us channel those skills they see awakening in us and guide them toward something positive. Whether it’s an artistic, scientific, or completely different talent, the more children explore the world, the more they discover, constantly recognizing new things that we, as adults, don’t tend to notice as often.

When we become parents, it’s hard to put ourselves back in our children’s shoes. After all, we have grown up, taken on new responsibilities, and sometimes prioritizing our children’s well-being from our adult perspective prevents us from seeing the world through their eyes.

But that’s normal—it happens to all of us. If we were perfect, life would be much easier, and everyone would have kids. However, there are moments when life puts challenges in our path, and sometimes that challenge is a puzzle. We can’t see the full picture until we finish putting it together, and all those pieces that didn’t seem to fit end up forming a beautiful image.

To talk about this topic, I want to share a story.

Pepe is a 6 or 7-year-old boy who is quite restless at school. Although he is very eager to learn, his parents constantly receive calls because he struggles to concentrate in class and ends up distracting his classmates. His parents think this is relatively normal—“He’s just a kid with extra energy,” they assume, so they don’t give it much importance. They simply tell him to pay more attention in class and continue with their daily routine.

In the afternoons, Pepe attends a tutoring group where he gets help with his homework. One day, he arrives more anxious than usual. And who wouldn’t be? His parents scolded him, and he doesn’t quite understand what he did wrong. His teacher notices his long face and asks what’s wrong.

«I got scolded today because they say I get distracted a lot in class,» Pepe responds sadly.

The teacher, who knows him well, is surprised. She knows that Pepe is an attentive and curious child, so something doesn’t add up. Then, she asks him a key question:

«Do you feel like you get distracted? What do you think your teacher sees when you’re not paying attention?»

Pepe thinks for a moment. It’s not an easy question for a child so young, but he does his best and responds:

«Whenever I’m in math class and they give me a problem, I draw it in my mind to solve it. It makes it much easier for me, but I think I take too long to answer, and the teacher believes I’m thinking about something else.»

«And what about Spanish class?» the teacher asks.

«I always try to draw the theory so I won’t forget it. Look!»

Pepe shows the teacher a very nice drawing. At first glance, it might seem like just a doodle, but in reality, Pepe was illustrating sentence structure: the subject, the verb, and the predicate. It was at that moment that the teacher had a revelation.

I want to pause the story here so each reader can draw their own conclusions for a moment. Not everyone would notice this right away.

Now, before reaching a small conclusion, I want to mention something important. Our whole lives, we’ve been presented with school as a vertical learning system: every year, we move up a level, we must learn the same subjects in childhood, and if we succeed in this system, we will be intelligent and acquire basic life knowledge. And indeed, school is valuable and provides us with wonderful learning experiences. BUT—and this is key—it doesn’t always channel our abilities in the best way for us to learn effectively.

We’ve often talked about how every child is a different world. In the same way, not all children learn at the same pace or with the same methods. It’s understandable that in a school setting, it’s difficult to personalize education for every student, and it’s also understandable that teachers struggle to identify each student’s unique skills when they have so many to take care of.

What I want to say with all this is that Pepe was not inattentive, hyperactive, or lacking discipline. Pepe had simply discovered a way to learn that no one had taught him—through drawing.

Sometimes, we find it difficult to step away from traditional methods and explore new ways of teaching because we don’t know what lies beyond. But I believe today’s call to action is simple: let’s listen more to our children. Let’s ask questions, even if we’re not sure they’ll have an answer. They might surprise us.

If we notice that our children are struggling with learning, let’s observe. Before assuming that “he’s just not focused” or “he doesn’t pay attention,” let’s ask ourselves: could it be that the school’s teaching method is not the best fit for him? Let’s put ourselves in their shoes. Let’s remember what it was like to be in school and ask ourselves: If my skills had been channeled differently, where would I be today?

Canalizar las habilidades de tus hijos

Cuando somos pequeños, no somos conscientes de lo extraordinarios que somos. Todo es nuevo para nosotros y no logramos reconocer que algunas de nuestras habilidades son únicas y maravillosas. En ese momento dependemos de nuestros padres para que nos den un apoyo extra, para que nos ayuden a canalizar esas habilidades que ven despertar en nosotros y orientarlas hacia algo positivo. Ya sea una habilidad artística, científica o algo completamente diferente, los niños, entre más exploran el mundo, más descubren, reconociendo así novedades constantes que nosotros, como adultos, no solemos notar con tanta frecuencia.

Cuando somos padres, nos cuesta ponernos de nuevo en los zapatos de nuestros hijos. Después de todo, ya crecimos, ya tenemos nuevas responsabilidades y, a veces, priorizar el bienestar de nuestros hijos desde nuestra perspectiva adulta nos impide ver el mundo a través de sus ojos.

Pero es normal, a todos nos pasa. Si fuéramos perfectos, este mundo sería mucho más fácil y todos tendrían hijos. Sin embargo, hay momentos en los que la vida nos pone retos en el camino, y a veces ese reto es un rompecabezas. No podemos ver la imagen completa hasta que terminamos de armarlo, y todas esas piezas que no entendíamos cómo encajaban, al final, forman una imagen hermosa.

Para hablar sobre este tema, quiero contarles una historia.

Pepe es un niño de unos 6 o 7 años bastante inquieto en la escuela. Aunque está muy interesado en aprender, sus padres reciben constantes llamadas porque él no logra concentrarse en clase y termina distrayendo a sus compañeros. Sus padres creen que es algo relativamente normal. «Es un niño, simplemente tiene energía de sobra», piensan, así que no le dan demasiada importancia. Solo le dicen que preste más atención en clase y continúan con su rutina diaria.

Por las tardes, Pepe asiste a un grupo de tutoría donde le ayudan con sus tareas. Un día, llega un poco más ansioso de lo habitual. Y, ¿cómo no? Sus padres lo regañaron y él no entiende bien qué hizo mal. Su profesora nota su carita larga y le pregunta qué sucede.

—Hoy me regañaron porque dicen que me distraigo mucho en clases —responde Pepe con tristeza.

La profesora, que lo conoce bien, se sorprende. Sabe que Pepe es un niño atento y curioso, así que algo no cuadra. Entonces, le hace una pregunta clave:

—¿Tú sientes que te distraes? ¿Qué crees que la profesora ve cuando no estás prestando atención?

Pepe se queda pensando. No es una pregunta fácil para un niño tan pequeño, pero hace su mejor esfuerzo y responde:

—Siempre que estoy en clase de matemáticas y me dan un problema, lo dibujo en mi mente para poder resolverlo. Me parece mucho más fácil, pero creo que me tardo en dar la respuesta y la profesora cree que estoy pensando en otra cosa.

—¿Y en la clase de español? —pregunta la maestra.

—Trato de dibujar siempre la teoría para no olvidarla. ¡Mira!

Pepe le muestra a la profesora un dibujo muy lindo. A simple vista, podría parecer un simple garabato, pero la realidad es que Pepe estaba ilustrando la estructura de las oraciones: el sujeto, el verbo y el predicado. Fue en ese momento que la profesora tuvo una revelación.

Quiero dejar aquí la historia para que cada lector saque sus propias conclusiones por unos minutos. No todos nos daríamos cuenta de inmediato.

Ahora, antes de llegar a una pequeña conclusión, quiero mencionar algo importante. Toda la vida nos han presentado la escuela como un espacio de educación vertical: cada año subimos de nivel, debemos aprender los mismos temas en la infancia y, si triunfamos en este sistema, seremos inteligentes y adquiriremos el conocimiento básico para la vida. Y, en efecto, la escuela es valiosa y nos brinda aprendizajes maravillosos. PERO, y esto es clave: no siempre canaliza bien nuestras habilidades para aprender de la mejor manera.

Hemos hablado muchas veces de que cada niño es un mundo diferente. De la misma manera, no todos aprenden al mismo ritmo ni con los mismos métodos. Es comprensible que en un colegio sea difícil personalizar la enseñanza para cada estudiante, y también lo es para los profesores identificar las habilidades particulares de cada alumno cuando tienen tantos a su cargo.

Lo que quiero decir con todo esto es que Pepe no era desatento, ni hiperactivo, ni le faltaba disciplina. Pepe simplemente descubrió una forma de aprender que nadie le había enseñado: a través del dibujo.

A veces nos cuesta salirnos de lo tradicional y explorar nuevas formas de enseñar porque desconocemos lo que hay más allá. Pero creo que el llamado a la acción hoy es sencillo: escuchemos más a nuestros hijos. Hagamos preguntas, aunque no estemos seguros de si tendrán una respuesta. Nos pueden sorprender.

Si vemos que nuestros hijos tienen dificultades de aprendizaje, observemos. Antes de asumir que «no es aplicado» o «no presta atención», preguntémonos: ¿será que el método de enseñanza de la escuela no es el mejor para él? Pongámonos en sus zapatos. Recordemos cómo era estar en la escuela y preguntémonos: si mis habilidades hubieran sido canalizadas de forma diferente, ¿dónde estaría hoy?